Mostrando entradas con la etiqueta Pterocnemia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pterocnemia. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de abril de 2012

Chile VII: Estepa Patagónica

Patagonia. Región de Magallanes. Chile.
Teníamos que abandonar Puerto Natales y todavía no habíamos anotado algunas de las especies más interesantes de los ambientes esteparios de la Patagonia Chilena. Cansados del viento que imposibilitó la salida de los barcos que visitaban el glaciar Balmaceda y Serrano, apostamos por llenarnos de Patagonia en nuestro regreso a Punta Arenas. ¿Cómo volver sin el Cazamoscas Chocolate (Neoxolmis rufiventris), especie de distribución muy localizada y restringida a áreas de pastizales abiertos con arbustos dispersos propias de estas latitudes? ¿Cómo decir que estuvimos aquí sin observar a la rara Agachona Chica (Thinocorus rumicivorus), aquí conocida como Perdicita, una extraña mezcla de paloma y alondra con pico de gallinácea y vuelo soberbio de alas largas y puntiagudas?. ¿Cómo no intentar al menos observar al Chorlito Cabezón (Oreopholus ruficollis) y al Chorlito Chileno (Charadrius modestus), que pese a compartir nombre de pila no se encuentran tan emparentados?
El bonito Chorlito Cabezón (Oreopholus ruficollis), aquí llamada Chorlo de Campo. Región de Magallanes. Chile. Foto: S. Villa.
Esas fueron algunas de las especies que vimos en nuestro trayecto de 150 km. en los que no nos  cruzamos con nadie, tal era la sensación de soledad, dura y sin contemplaciones. Extensiones ganaderas infinitas de vegetación rala, arbustos almohadillados y suelo de rojo y recio líquen. Tierra barrida permanentemente por el viento, hasta el punto de que nos fue imposible montar el telescopio fuera del coche. Esta foto del Chorlo de Campo se hizo desde el coche, zarandeado en rachas irregulares por Eolo. Las aves todas se mostraban agachonas, evitando volar y así no tener que luchar contra el viento dominante. Los mamíferos no lo pasaban mejor, por aquí se dejaron ver el frecuente Guanaco (Lama guanicoe) y el ecléctico y solitario Zorro Gris (Lycalopex griseus). Este Zorro forma parte de la larga lista de ejemplos de mala gestión ambiental, donde intentando corregir un error, se acaba cometiendo otro mayor. En efecto, fue introducido en Tierra de Fuego para combatir la sobrepoblación de Conejo (Orictolagus cuniculus), también introducido décadas antes. Resultado: sigue habiendo conejos pero las poblaciones del nativo Zorro Culpeo de la isla (Lycalopex culpeaus lycoides), el Tuco tuco de Magallanes (Ctenomyx magellanicus) y otras especies de aves como el Cisne Coscoroba (Coscoroba coscoroba) se han visto seriamente afectadas.
Este Zorro Gris (Lycalopex griseus) protege su alimento aguantando estoicamente ante el viento reinante en la patagonia chilena. Región de Magallanes. Chile.
El camino que elegimos se suponía que nos llevaría a Punta Delgada, no parecía tener pérdida, pero no teníamos la total certeza. Con el depósito de un 4x4 y contando con tener que completar más de 300 km. en total si no equivocábamos la ruta, se respiraba cierta tensión según elegíamos pista en cada encrucijada...
Estos encharcamientos estacionales eran especialmente investigados en la búsqueda de otra de las estrellas de la zona, el Chorlo de Magallanes (Pluvianellus socialis). No lo vimos aquí ni en Tierra de Fuego un día después, quedando así junto al Pato Torrentero (Merganetta armata) en la lista de frustraciones chilenas o casi mejor, en la lista de motivos para volver... Al que sí vimos en las proximidades de estos encharcamientos fue al Falaropo de Wilson (Steganopus tricolor), recientemente cambiado de género y el único de los Falaropos observados regularmente en el interior. Para completar la foto ornitológica de estas estepas no podemos dejar de comentar algunas de las especies quizá más comunes en esta época del año, o al menos así nos pareció a nosotros. Se trata de los reproductores boreales Correlimos Culiblanco (Calidris fuscicollis) y Correlimos de Baird (Calidris bairdii) que observamos frecuentemente en un ambiente tan, a priori, poco apropiado para un "playero".
Guanaco (Lama guanicoe). Región de Magallanes. Chile.
Ñandú Petizo (Pterocnemia pennata). Región de Magallanes. Chile.
Ya llegados a la costa, la dureza patagona se mostraba así de implacable.



Nuestro recorrido por el sorprendente y diverso Chile estaba tocando a su fin. Ya sólo nos faltaba el salto a Tierra de Fuego, para el que había que atravesar el evocador Estrecho de Magallanes.

miércoles, 4 de abril de 2012

Chile VI: Seno Ottway & Torres del Paine

De Santiago a Puerto Montt, 1.059 km. en un Opel Corsa básico que podría perfectamente habernos dejado tirados en Rancagua, literalmente, en donde ya anochecido, rozamos repetidas veces los bajos con las aristadas rocas salientes de aquella desagradable pista de regreso de las colonias de Tricahué (Cyanoliseus patagonus bloxami) en Río Los Cipreses. El carter aguantó de milagro. Podríamos también no haber llegado más allá de Nahuelbuta, donde no hubiera sido raro haber acabado despeñados, evitando los camiones madereros que cruzaban a gran velocidad en sentido contrario en las imposibles y estrechas pistas entre Angol y la entrada al parque. Más cómodos fueron el resto de conexiones por carretera, en unas autovías cómodas y bien cuidadas, incluso por los carabineros que nos recomendaron amablemente "levantar la zapatilla" (y hasta ahí puedo leer...).
Aún así, del total de 4.000 km. del país, habíamos recorrido la parte más cómoda, pero seguir en dirección sur exige mucha paciencia y pasar a recortadas y estrechas carreteras de montaña para no llegar más allá de Cochrane. A partir de allí, o bajas por Argentina, o no te quedan otras opciones que la marítima (con tiempo y ganas) o la aérea, que fue por la que nos decantamos nosotros en aquel noviembre de 2007. No llegamos a Cochrane, desde Puerto Montt volamos a Punta Arenas, donde vivimos un aterrizaje realmente tenso, con ataque de pánico incluido de una turista alemana, que salió corriendo por el pasillo gritando como poseida. En efecto, el piloto tuvo que repetir la maniobra de aproximación a la pista, aterrizando en el segundo intento casi de lado, empujada la nave por el fuerte viento racheado. Impresionante la pericia del capitán... Llueve, estamos a 4ºC. y el viento sopla con rachas de entre 80-100 km/h.
Tras la experiencia "Corsa" y en previsión de las pistas a Torres del Paine decidimos rascarnos el bolsillo y apostar por un 4x4. Paradójicamente, no hubiera sido necesario, los caminos están aquí en mejor estado que las difíciles pistas antes comentadas del más civilizado, a priori, norte.
Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus). Pingüinera Seno Ottway. Punta Arenas. Chile.
De camino a Puerto Natales decidimos parar en la Pingüinera de Seno Ottway, a unos 65 km. de Punta Arenas. Fue una buena decisión, y no por los Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus) sino porque las ralas praderas previas fueron de los más productivas, añadiendo un buen puñado de especies a nuestra lista. La primera especie en aparecer fue este Zorrillo Patagónico (Conepatus humboldti), aquí conocido también como Chingue. A plena luz del día, entre el herbazal, mantenía una actitud en extremo confiada, quizá seguro de las fétidas secrecciones de sus glándulas anales. Desconozco la explicación que puede tener su nombre científico, pues que yo sepa, Humboldt, el gran naturalista alemán, nunca llegó tan al sur en su viaje a sudamérica, no bajando más allá de Perú.
Zorrillo Patagónico (Conepatus humboldti). Pingüinera Seno Ottway. Punta Arenas. Chile.
Ya en la playa, donde los Pingüinos dedican unos minutos a su cambio de medio (del acuático al terrestre), algunos reposando sobre los guijarros parecen recuperar temperatura ó quizá sintetizar alguna vitamina con baños de sol, otros se acicalan, eliminando quizá el exceso de sal de sus cuidadas plumas, todos descansan. Tras estas labores apeonan hacia sus huras, ubicadas sobre unas verdes praderas. Pero antes han de cruzar pequeños regatos de agua dulce, donde aprovechan a completar el cuidado de su plumaje. A lo largo de la linea de costa, un Abanto Marino Antártico (Macronectes giganteus) patrulla derivando barlovento sobre los grupos de pingüinos en busca de alguna oportunidad de fácil pitanza.
Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus). Pingüinera Seno Ottway. Punta Arenas. Chile.
Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus) de camino a sus huras. Pingüinera Seno Ottway. Punta Arenas. Chile.
En las planicies de acceso previo a la pingüinera, un ambiente estepario nos permitió anotar Ñandú Petizo (Pterocnemia pennata), Chorlitejo Malvinero (Charadrius falklandicus), la común Dormilona Carinegra, aquí llamada "tontita" (Muscisaxicola maclovianus), la Dormilona Fraile (Muscisaxicola flavinucha), de inconfundible nuca ocre y continuo movimiento vertical de su cola, por destacar sólo algunas. A mi, las dormilonas me recordaban a una especie de híbrido ente nuestras collalbas y bisbitas, pero no me atrevía a decírselo a Santi... Y acosando a las Dormilonas y otros pajarillos esteparios, varios Aguiluchos Vari (Circus cinereus) de estéticos vuelos a favor del viento, invisible atalaya desde la que exploraban sistemáticamente la pradera patagónica, aprovechando cualquier pequeña depresión del terreno para sorprender a sus inocentes víctimas. Pero si queremos destacar en particular una especie observada en Seno Ottway, estamos obligados a recordar al último Pilpilén que nos quedaba por observar de entre las tres especies chilenas de este género (ver Chile II: Quintero): estamos hablando del Ostrero Magallánico (Haematopus leucopodus), aquí conocido como Pilpilén Austral.

Tras esta productiva visita, seguimos directos a Puerto Natales, donde llegamos ya anochecido. La luz nos abandonaba, pero no así el viento, que no nos dejó en ningún momento hasta nuestro regreso a Santiago, varios días después.
Al día siguiente tocaba el plato fuerte de Chile: Torres del Paine. A pocos kilómetros de salir en dirección a esta maravilla escénica pudimos comprobar lo frecuente que es aquí el Cóndor Andino (Vultur gryphus), al que vimos no menos de en diez ocasiones en una jornada. No podía empezar de mejor modo nuestra aproximación a esta mítica reserva, salvo por el viento, que seguía soplando con rachas que se hacían muy molestas por momentos.
Cóndor Andino (Vultur gryphus). Puerto Natales. Chile.
Posiblemente las dos carroñeras más frecuentes en estas latitudes: el Cóndor Andino (Vultur gryphus) y el Caracara Carancho (Polyborus plancus), tres en la foto. Puerto Natales. Chile. Foto: S. Villa.
1 adulto y 3 juveniles de Cóndor Andino (Vultur gryphus) apuran una carcasa en las proximidades de Puerto Natales. Chile. Foto: S. Villa.
Fundimos tarjetas de memoria en este Parque Nacional, casi siempre por sus paisajes, con alguna que otra sorpresa y una gran frustración: pese a dejarnos los ojos en todo corriente de aguas rápidas, no pudimos ver el Pato Torrentero (Merganetta armata), aquí conocido como Pato cortacorrientes, nombre que hace referencia a su fascinante modo de enfrentarse a los cursos de aguas rápidas propias de la alta montaña.
Cuernos del Paine, en el centro de la imagen. Torres del Paine. Chile.
Inicio del sendero "ruta de la W", que permite atacar las míticas Torres del Paine, en la foto al fondo, enmarcadas en la estructura metálica del puente. Chile.
Casi todo el mundo sabe que actualmente existen 4 especies de Camélidos en Sudamérica. Lo que no es tan conocido es que la Llama (Lama glama) fue desarrollada por el hombre del Guanaco así como la Alpaca (Vicugna pacos) lo fue de la salvaje Vicuña (Vicugna vicugna). Así pues, originalmente sólo existian dos especies. De lo que no cabe duda es que, de entre todas, la especie de más amplia distribución es el Guanaco (Lama guanicoe) y aquí en Torres del Paine es muy común, formando amplias manadas.
Guanaco (Lama guanicoe), muy común en Torres del Paine. Chile.

Paramos en la Hospedería Grey, junto al glaciar del mismo nombre, a degustar una "Colonos", reconozco que un poco asqueados del fuerte viento que casi no nos permitía ni caminar en senderos expuestos. En el parking, el jardinero nos prestó un taburete para acercarnos algo más a estas confiadísimas Cachañas (Enicognathus ferrugineus) que en buen número se alimentaban despreocupadas y ruidosas de los brotes tiernos de las Lengas (Nothofagus pumilio).
Cachaña (Enicognathus ferrugineus) alimentándose de Nothofagus pumilio. Torres del Paine. Chile.
Glaciar y lago Grey. Torres del Paine. Chile.
Huemul del Sur (Hippocamelus bisulcus). Torres del Paine. Chile.
Una de las sorpresas de nuestro paseo por Torres del Paine fue el raro y escaso Huemul (Hippocamelus bisulcus). Curioso pensar que poco después de abandonar la intensa búsqueda del Pato Torrentero, abatidos por nuestra mala fortuna, nos topamos de bruces con este cérvido en peligro de extinción, del que se calcula una población no superior a 3.000 ejemplares, la mayoría de ellos en Chile.
Cuernos del Paine y Lago Pehoe. Torres del Paine. XII Región de Magallanes. Chile.
Quedarse a pasar la noche en Torres del Paine hubiera sido la mejor opción, pero las hospederías ubicadas en el interior del parque son carísimas, así que regresamos con dignidad a nuestro económico hostal en Puerto Natales...
Una sorpresa a los postres: Un Pilpilén confia en su mimetismo en plena estepa patagónica, donde sorprende ver criar a un ave de hábitos tan costeros.
Si no me canso de decir aquello de que "abandonamos Torres del Paine pensando, siempre se debe pensar, en volver algún día". En este caso añado que "mal se me tiene que dar" para no volver con mis hijos cuando tengan edad de reconocer la salvaje belleza de estos parajes sin par. Unos días antes de escribir esta entrada, Torres del Paine sufrió un tremendo incendio que calcinó buena parte de su inusual belleza. Desconozco el alcance detallado del incendio, pero espero poder sorprenderme en un futuro con la capacidad de regeneración de la naturaleza, quizá sea demasiado inocente, pero me gusta pensar que la vida se abre camino y casi cualquier estadio de regeneración vegetal tiene sus aspectos de interés. En cualquier caso, de lo que si estoy seguro es que cuando la humanidad sea sólo un recuerdo arqueológico en este castigado planeta azul, Torres del Paine seguirá brillando con luz propia, aunque entonces sin nadie para escribir unas lineas de reconocimiento a su belleza...

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Argentina III: Península Valdés


Peludo (Chaetophractus villosus). P.Valdés

Sí, lo reconozco, soy un homo tv. Muchos de los viajes que he realizado o que tengo en la carpeta de pendientes han nacido de la pequeña pantalla. Creo que fue "El Arca de Noé", la serie de tve con Joaquín Araujo como guionista en la que observé, como primicia, el comportamiento predatorio de las orcas (orcinus orca) varándose deliberadamente en Península Valdés para atrapar lobos (Otaria flavescens) ó elefantes marinos (Mirounga leonina) en plena temporada de reproducción de estos últimos. No había cumplido los 15 años. Más tarde descubrí que esa playa era Punta Norte y, si alguna vez podía viajar a Argentina, sin ninguna duda P.Valdés formaría parte del recorrido.
Las orcas muestran un fuerte componente cultural en el desarrollo de sus habilidades de caza. Hay grupos que están especializados en el ataque a ballenas, como los que se han podido grabar en Baja California, otras acuden regularmente a los estuarios y desembocaduras de ríos salmoneros en temporada de desove y algunas hasta han aprendido a sabotear las almadrabas de capturas de atunes del Estrecho de Gibraltar, incluso devorar directamente de la caña las capturas de atunes frente a las costas de Cádiz, pero eso no lo echaban por la tele en mi adolescencia... ;-) Por cierto, en el muy recomendable museo del mundo marino en Matalascañas (Huelva) se puede observar el esqueleto montado de una hembra de orca que quedó varada malherida tras un disparo, que se sospecha de almadraberos.
Así se hace el cordero patagónico
Tras casi 800 km. de carretera desde Esquel alcanzamos primero Trelew donde hicimos noche. Al día siguiente entramos en la península a través de Puerto Madryn, quedando alojados en "La Nube del Ángel" en el encantador pueblecito de Puerto Pirámides.
Aunque el momento estelar deseado era, sin ninguna duda, la observación de las orcas, Valdés tiene multitud de encantos:

El interior de la península es un páramo de vegetación arbustiva y espinosa, atravesado por pistas del peligroso "ripio" ó según dicen los paneles informativos: "riesgoso", donde observamos con frecuencia Choiques ó Ñandúes Petizos (Pterocnemia pennata) así como grupos de Guanacos (Lama guanicoe) y una especie que todavía no habíamos visto: la simpática Liebre Patagónica ó Mara (Dolichotis patagonum). El punto aviar lo pusieron una pareja de Martinetas Copetonas (eudromia elegans) que apeonaron cruzando elegantemente la carretera buscando aguardo entre ralos arbustos espinosos.
La costa presenta numerosos accidentes: caletas, acantilados, playas y es la costa y el propio mar con sus dos golfos lo más atractivo y el principal reclamo del lugar. Al estar en Puerto Pirámides, elegimos el Golfo Nuevo para navegar con la empresa Moby Dick en un bote "semirígido" que recomiendo, pues al ser una embarcación más pequeña, la experiencia y el contacto con los cetáceos es más intensa. Nuestro piloto se llamaba Fernando Alonso, nombre fácil de recordar, un tipo simpático y afable que sabe lo que hace y no molesta a estos misticetos.

La experiencia de navegar entre estos gigantes es algo único, no creo que haya muchos encuentros con especies salvajes que causen tanta impresión como este. Las Ballenas Francas Australes (Eubalaena australis) acuden con sus crías a P.Valdés fuera del periodo de alimentación, que es cuando migran al oceáno Antártico, se cree que en el área próxima a las Georgias del Sur. Así pues, es habitual ver a madres con crías, como ocurrió en nuestro caso.
Al aproximarnos pudimos observar en la distancia sus poderosos saltos, cuando asoman casi por completo su cuerpo que cae como un peso muerto sobre la superficie del mar causando un poderoso estruendo.
Esta ballena es de las medianas, pues rara vez supera los 15 metros, pesando entre 40-60 toneladas. ¡imaginad a la Ballena Azul con sus 30 metros y casi 100 toneladas!
Se calcula que la población de esta ballena en los golfos de Valdés son de unos 2.500 ejemplares, dándose cita en el mismo anualmente unas 600 de ellas. Las fotos que aquí se muestran son de la madre que navegó con nosotros por espacio de unos intensos 15-20 minutos. En el video se observa también al ballenato, que de forma sorpresiva cambió de rumbo y pasó literalmente bajo el bote... y su madre tras de él.
Ballena Franca Asutral (Eubalaena australis). Península Vadés. El Chubut. Argentina.
 

Las distancias en P.Valdés, sin ser enormes, se hacen largas, quizá por el pavimento de ripio y su continuo traqueteo. En Playa Larralde nos encontramos con una Ballena varada, sobre la que se alimentaba un hacendoso grupo de Gaviotas Cocineras (Larus dominicanus) mientras, frente al mar, cazaban afanososos un grupo de Gaviotines Sudamericanos (Sterna hirundinacea) cuando una sombra masiva pasó por delante del campo de visión de mis prismáticos a corta distancia. Era un tosco Petrel Gigante del Sur (Macronectes giganteus) que no dejó de volar en la linea de la costa frente a nosotros por un rato largo, pronto supimos por qué rondaba este potente carroñero la zona: próximo a ese punto estuvimos disfrutando con las evoluciones de una bulliciosa colonia de Lobos Marinos de Un Pelo (Otaria flavescens).

Lobería: Colonia de Lobos Marinos próxima a Playa Larralde. P. Valdés. El Chubut. Argentina.

En Punta Norte, mientras esperamos sin éxito a las orcas (ya lo he dicho) nos acompañaron varios oportunistas muy acostumbrados a la limosna de turistas, como delataba su confiado comportamiento. El Armadillo ó Peludo de la foto superio también andaba por aquí en idéntica actitud.
Sinsonte Patagónico (Mimus patagonicus). Punta Norte. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
Yal Negro (Phrygilus fruticeti). Punta Norte. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
También estuvimos en la pingüinera de Caleta Valdés, zona de cria de los Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus), no tan espectacular como Punta Tombo, pero interesante igualmente. A esta especie se le conoce como burrito por el rebuzno tan logrado que emite.

Elefantería en Punta Delgada. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
La dureza de la patagonia. Así titulé esta impresionante foto que muestra semimomificado este ejemplar de lobo marino y donde se puede observar su particular dentición de dos caninos superiores, clara adaptación evolutiva al consumo del resbaladizo pescado. Playa Larralde. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
Dejamos este paraiso con la espina de no haber podido presenciar en directo las escenas de caza de las orcas, pero ¡qué mejor excusa para regresar algún día!