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jueves, 25 de septiembre de 2014

Festival de Urodelos en Las Arribes del Duero

Entre Vilvestre y Mieza, dos de los pueblos mejor ubicados para abordar la visita de los Arribes del Duero, el arroyo del Cotón permite en mayo interesantes observaciones de anfibios sin necesidad de hacer grandes recorridos. En nuestro caso no anduvimos más de unos 20 metros lineales de arroyo para encontrarnos con esto: pieles húmedas y desnudas, aunque con evidentes diferencias.

Tritón Ibérico (Lissotriton boscai). Arribes del Duero. Salamanca.
Como se observa en la foto, el endémico Tritón Ibérico (Lissotriton boscai) tiene un cuerpo de sección "casi" cuadrada, con un surco hacia el interior que le recorre el mismo lateralmente. En este ejemplar se observa, además, un ejemplo de la sorprendente capacidad de regeneración de estas especies: en la foto se observan sólo cuatro dedos, algunos de ellos incompletos en su desarrollo, cuando esta especie tiene cinco en sus patas traseras.

Tritón Jaspeado (Triturus marmoratus). Arribes del Duero. Salamanca.
Rugosa piel (ver granos) y cuerpo algo aplanado dorso-ventralmente el del Tritón Jaspeado (Triturus marmoratus). Al igual que el Tritón Ibérico, el Jaspeado (Triturus marmoratus) tiene cinco dedos en sus patas traseras y este los conservaba todos. Particularmente, este bicho es el que me resulta más atractivo, toda una suerte verlo y además constatar su abundancia, al menos aquí.

Gallipato (Pleurodeles waltii). Arribes del Duero. Salamanca.
Sobre su rugosa piel, llena de verrugas, destacan los abultamientos anaranjados de los costados, que se corresponden con los extremos de las costillas. El mayor urodelo de Europa (más de 20 cm., con citas de 30 cm.) es endémico de la Península Ibérica. La increíble capacidad que tienen sus apuntadas costillas de atravesar a voluntad su piel le ofrece una defensa antipredatoría única.

La diversidad de este arroyo no se limitó a los urodelos, de hecho fueron los anuros los que nos hicieron reparar en el mismo, con sus competitivos cantos, y buscando a este, aparecieron los demás.

Ranita de San Antonio (Hyla arborea). Arribes de Duero. Salamanca.
Ranita de San Antonio (Hyla arborea). Arribes de Duero. Salamanca.

Y aunque no en este arroyo, sí en uno próximo, afectado de un más acusado estiaje, aparecía, intentando evitar las miradas de curiosos bajo una roca, este Galápago Leproso (Mauremys leprosa).


lunes, 8 de abril de 2013

Sapo Corredor (Epidalea calamita)

Enrico Coen es ahora el encargado de acompañarme a diario en el metro, seguramente sea la persona (él sin saberlo) que más tiempo pasa conmigo en mi tiempo libre (¿o debería decir "in itinere"?), excluyendo la familia, claro. En "De las células a las civilizaciones" (ed. Drakontos), revisa lo que para él son los principios de cambio que conforman la vida, a saber: Variabilidad en la población, Persistencia, Refuerzo, Competencia, Cooperación, Riqueza Combinatoria y Recurrencia. Los cuatro primeros proporcionan el núcleo de la selección natural y, entre ellos, una forma de la Persistencia, la copia (la otra es la cohesión molecular) no podía dejar de venirme a la memoria cuando pude disfrutar el fin de semana pasado de la descomunal orgía anfibia que se celebró, aprovechando la lluvia y lo atemperado de las temperaturas, en multitud de lagunazos y otros encharcamientos en los que se convirtieron las dehesas de Melojos (Quercus pyrenaica), Encinas (Quercus ilex) y Fresnos (Fraxinus angustifolia) de las faldas de la Sierra del Guadarrama en el entorno de El Boalo, Madrid.

La secuencia de ADN persiste gracias a la replicación (copia) que, en equilibrio con la variabilidad (las copias no son perfectas, se modifican por lesiones o errores de copia) permite que haya evolución, siendo la selección natural la encargada de eliminar las copias menos capaces de sobrevivir y multiplicarse y favoreciendo las versiones con mayor éxito reproductor. De lo singular a lo general, de la replicación al apareamiento...

Y sin saber nada de Coen y ADN, allí medraban Sapos Corredores (Epidalea calamita) y Ranas de San Antonio (Hyla arborea) pugnando por el canto más grave, sostenido y potente. Y así, entre crooo, croooo, croooos y crueck, crueck, cruecks, era difícil dirigir los pasos en busca de sus amplexos axilares, pero entre la lluvia, el viento y el frío, alguno pudimos ver...

Sapo Corredor (Epidalea calamita) "satélite" esperando su oportunidad. El Boalo. Madrid.
Dos ejemplares de librea muy distinta, como es característico en la especie, en "amplexo". Sapo Corredor (Epidalea calamita). El Boalo. Madrid.
Y tras el frenesí, la "sopa" de AGCT... en forma de hilera. Una verdadera apuesta, con más arrojo que los jugadores de poker, pues se apuesta por la persistencia y depende de "acertar" en el lugar, de que el encharcamiento se mantenga lo suficiente para dar tiempo a los sapos a completar su desarrollo. Los renacuajos eclosionan pocos días después de efectuada la puesta y la metamorfosis dura entre uno y dos meses, menos tiempo cuanto más somera sea la charca. En ocasiones, las lluvias postrimeras de finales de abril o mayo son el milagro que permite su éxito final y les salva de la tragedia, a veces les vale una rodada de coche, un prado inundado, cunetas, etc.
Puesta de Sapo Corredor (Epidalea calamita). El Boalo. Madrid.
Y tras un par de meses escasos...
Crías de Sapo Corredor (Epidalea calamita). Hoyo de Manzanares. Madrid.

lunes, 18 de marzo de 2013

Ranita de San Antonio (Hyla arborea)

Quizá el mejor modo para poder observar a una Ranita de San Antonio (Hyla arborea) es localizar una charca de apareamiento durante las lluvias de abril. Si la charca está ocupada, será fácil escuchar sus repetidos coros, de tonos tanto más graves cuanto más grande sea el macho emisor, los preferidos por las hembras. En la sierra del Guadarrama, en Madrid, aprovechan antiguas canteras de granito abandonadas, muy impermeables, y que poco a poco se han orlado de vegetación emergente: matas de juncos por estos lares. En esta época los machos permanecen en las lagunas hasta un mes, no así las hembras, que no pasan más de 2 o 3 días en ellas. Más difícil es localizarlas fuera de esta época, pero durante verano, otoño se las puede ver en lo que para un neófito pudiera parecer atípico para una rana, medrando por entre los arbustos de praderías preferiblemente húmedas, pero no necesariamente así.
Hábitos arborícolas y característicos discos adhesivos en el extremo de los dedos distinguen a la familia de las Hylidae de otras familias. Ranita de San Antonio (Hyla arborea). Guadalix de la Sierra. Madrid.
Y así fue como nos encontramos a este ejemplar, fuera de la época de reproducción, a primeros de marzo, campando por un prado seco próximo a un arroyo tributario del embalse de Pedrezuela (antes, El Vellón).
Y no lejos de allí, uno de los motivos por los que esta especie es cada día más difícil de observar. Para quien quiera entretenerse, os juro que el voraz invasor aparece en la foto...
Visón Americano (Mustela vison). Guadalix de la Sierra. Madrid.