viernes, 30 de diciembre de 2011

Argentina IV: Iguazú

Empapados por la exultante belleza turquesa de los glaciares, impresionados por el contacto con una fauna diversa y abundante en Península Valdés, reconfortados por la amabilidad sin par de sus gentes, llegamos al último objetivo de nuestro trayecto: Iguazú.
Foz do Iguaçu. Panorámica desde el lado brasileño.
Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.
Dos opciones imprescindibles tienes para visitarlas: el lado brasileño y el argentino. Normalmente, tal como hicimos nosotros también, se combinan ambas aproximaciones. Desde Brasil, la visión es más panorámica (con permiso de la garganta del Diablo), desde Argentina te metes más entre las innumerables pasarelas construidas entre los saltos para visitarlas, a mi parecer, excesivas.
Aguas arriba del río que las da nombre, se encuentra el Salto hidroeléctrico "Caxias". Las aguas tardan desde allí 24 horas en alcanzar las cataratas. Dado que los fines de semana el consumo de electricidad es menor, la central produce menos y, consecuentemente, el caudal es más reducido. De este modo, domingo, lunes e incluso martes son los peores días para visitarlas. Así mismo, los meses de junio, julio y agosto son los de menos pluviosidad. Algo a tener en cuenta si se visitan. Esperemos que las nuevas presas proyectadas no terminen por secar esta, que es declarada una de las maravillas del mundo natural.

Al margen de la belleza de los innumerables saltos de agua, descubiertos por el afamado explorador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541, las cataratas tienen otros muchos alicientes. Desde el punto de vista faunístico, en el parque se pueden observar especies tan interesantes como el Hornero Común (Furnarius rufus), ave nacional de Argentina, el desaliñado Pirincho (Guira guira), el vistoso Carpintero Campestre (Colaptes campestris) ó la atrevida Chara Moñuda, también llamada Urraca Copetona (Cyanocorax chrysops). Pero entre todos, ninguno tan sorprendente, no por menos común, que el Tucán Toco (Ramphastos toco). A las aves, se suman las frecuentes familias de Coatíes (Nasua narica) que pupulan por el parque ó el enorme y aquí  manso Lagarto ó Teyú Overo (Tupinambis teguixin). El término overo se aplica a los animales blanquinegros, como por ejemplo al Silbón Overo (Anas sibilatrix) que veríamos más tarde.
 

Lagarto Overo (Tupinambis teguixin). Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.

¡Buscando a Wally "modo" fauna!. Tucán Toco (Ramphastos toco). Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.

Nido del Hornero (Furnarius rufus), ave nacional argentina. El nido da nombre al ave, como se puede observar. Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.
Carpintero Campestre (Colaptes campestris). Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.
Inconfundibles nidos de Cacique ó Arrendajo de Lomo Rojo (Cacicus haemorrhous). Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.

Miriápodo de tamaño sobresaliente. Cataratas del Iguazú. Misiones. Argentina.

Si ves algo caer del cielo en picado, y rápidamente girar y perderse como engullidos por las cortinas de agua de las cascadas, no lo dudes, se trata del Vencejo de Cascada (Cypseloides senex). En verdad esta entrada se hubiera quedado incompleta sin mentar a este soberbio habitante de Iguazú que construye sus nidos en minúsculas, casi imposibles repisas tras las cascadas. No se concocen otros emplazamientos para sus nidos, por lo que su supervivencia depende de las cascadas. Como, obviamente no tenemos fotos del bicho en cuestión, aquí os dejo lo más parecido que se me ocurre para tener una idea del ave: el emblema argentino de las cascadas: un tributo al vencejo de las cascadas.


 Mango Gorginegro (Anthracothorax nigricollis)
En Puerto Iguazú hay un hombre que lleva años querenciando a los colibríes a unos bebederos de agua azucarada en su propio jardín. Se trata de El jarín de los Picaflores. Parar por allí y sentarse en algún banco de su jardín es una oportunidad única para verlos bien de cerca batir sus alas hasta 70 veces por segundo (entre 30 y 70 según la especie). ¡Fue una bonita forma de completar la lista de aves de Misiones!.
Vimos Mango Gorginegro (Anthracothorax nigricollis), Colibrí Gargantilla (Leucochloris albicollis), Diamante de Pecho Verde (Amazilia versicolor), Esmeralda Ventridorada (Chlorostilbon aureoventris), Zafiro Bronceado (Hylocharis chrysura), el Ermitaño Canela (Phaetornis petrei) ó Colibrí Negro (Florisuga fusca).





Esmeralda Ventridorada (Chlorostilbon aureoventris) y Diamante de Pecho Verde (Amazilia versicolor). Jardín de los Picaflores. Puerto Iguazú. Misiones. Argentina.

Pero no sólo las clases taxonómicas superiores nos iban a deleitar en nuestra visita a esta tierra guaraní, cosa que te recuerdan los continuos puestos de artesania local que jalonan las entradas a las cataratas... Como muestra de la enorme riqueza en insectos, concretamente lepidópteros, aquí os dejo unas fotos. Sorprendente la variedad que se concentran en sitios como estos. La primera está realizada en "Puerto Macuco", lugar de embarque para navegar por el Iguazú aguas abajo de las cascadas, hasta ducharte literalmente en el salto San Martín. Evito decir que considero esta experiencia inexcusable una vez aquí.
Mariposa 88 (Diaethria clymena), llamada así por razones obvias o cómo dice mi hijo: se lo ha hecho una mariquita grafitera.

Mariposas libando sales en Puerto Macuco. Iguazú. Misiones. Argentina.
Hamadryas epinome, género experto en camuflaje. Iguazú. Misiones. Argentina.

Desde Iguazú visitamos las cercanas minas de Wanda (cuarzos y amatistas, topacios y geodas). Y en este trayecto, a priori anodino, como un sorpresón inesperado, equivalente al Serval (Leptailurus serval) que pude ver en Tanzania, apareció un ¡¡¡Jaguarundi!!! (Puma yagouaroundi) melánico que cruzó con parsimonia la carretera hasta perderse en la selva. Cuando paseas por los bosques secundarios de Misiones lo haces con la esperanza remota de poder atisvar aunque sólo sea por un fugaz momento la presencia del Jaguar (Panthera onca), pero nunca piensas en cruzarte con una especie como esta.

Visitar Ciudad del Este (Paraguay) era una opción, pero no hubo tiempo. Tercer centro comercial del mundo detrás de Miami y Hong-Kong, es una ciudad muy curiosa, llena de contrabando y un poco al margen de la ley, pero merece la pena visitarla, el acceso es complicado porque sólo puedes pasar a través de un único puente (vigila esto para no quedarte atascado). Se decía que todo este comercio financiaba a Bin Laden. Hace triple frontera con Brasil y Argentina. Ella sola genera más del 50% del PIB de Paraguay.
Skyline de Buenos Aires desde la Costanera Sur. Argentina.
De regreso a Buenos Aires, tuvimos tiempo de añadir algunas especies más a la lista visitando el periurbano parque de La Costanera Sur: El bonito Sietecolores (Tachuris rubigastra), la elegante Garza Cuca (Ardea Cocoy), el Pato Picazo (Netta peposaca), Cerceta Colorada (Anas cyanoptera), Focha de Ligas (Fulica armillata), Zenaida Torcaza (Zeanida auriculata), el Chercán (Troglodytes aeon), el notable Trepatroncos Chico, también llamada Chinchero (Lepidocolaptes angustirostris), la Gaviota Cabecigrís (Larus cirrocephalus) ó el Cardenal de Cresta Roja (Paroaria Coronata). Sí, ya lo sé, es un poco lamentable que casi el mejor sitio de pajareo que visitamos en Argentina, fuera este...

Unas cortas, diríamos pírricas 108 especies, las que salieron al paso, fueron nuestros registros en este viaje que fue de todo menos ornitológico. Dado que la riqueza en avifauna es aquí exultante (998 especies, siguiendo a Clements 6ª), no queda más remedio que regresar... y completar la región de Salta, el Paraná, los esteros del Iberá, la región de Córdoba...


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Argentina III: Península Valdés


Peludo (Chaetophractus villosus). P.Valdés

Sí, lo reconozco, soy un homo tv. Muchos de los viajes que he realizado o que tengo en la carpeta de pendientes han nacido de la pequeña pantalla. Creo que fue "El Arca de Noé", la serie de tve con Joaquín Araujo como guionista en la que observé, como primicia, el comportamiento predatorio de las orcas (orcinus orca) varándose deliberadamente en Península Valdés para atrapar lobos (Otaria flavescens) ó elefantes marinos (Mirounga leonina) en plena temporada de reproducción de estos últimos. No había cumplido los 15 años. Más tarde descubrí que esa playa era Punta Norte y, si alguna vez podía viajar a Argentina, sin ninguna duda P.Valdés formaría parte del recorrido.
Las orcas muestran un fuerte componente cultural en el desarrollo de sus habilidades de caza. Hay grupos que están especializados en el ataque a ballenas, como los que se han podido grabar en Baja California, otras acuden regularmente a los estuarios y desembocaduras de ríos salmoneros en temporada de desove y algunas hasta han aprendido a sabotear las almadrabas de capturas de atunes del Estrecho de Gibraltar, incluso devorar directamente de la caña las capturas de atunes frente a las costas de Cádiz, pero eso no lo echaban por la tele en mi adolescencia... ;-) Por cierto, en el muy recomendable museo del mundo marino en Matalascañas (Huelva) se puede observar el esqueleto montado de una hembra de orca que quedó varada malherida tras un disparo, que se sospecha de almadraberos.
Así se hace el cordero patagónico
Tras casi 800 km. de carretera desde Esquel alcanzamos primero Trelew donde hicimos noche. Al día siguiente entramos en la península a través de Puerto Madryn, quedando alojados en "La Nube del Ángel" en el encantador pueblecito de Puerto Pirámides.
Aunque el momento estelar deseado era, sin ninguna duda, la observación de las orcas, Valdés tiene multitud de encantos:

El interior de la península es un páramo de vegetación arbustiva y espinosa, atravesado por pistas del peligroso "ripio" ó según dicen los paneles informativos: "riesgoso", donde observamos con frecuencia Choiques ó Ñandúes Petizos (Pterocnemia pennata) así como grupos de Guanacos (Lama guanicoe) y una especie que todavía no habíamos visto: la simpática Liebre Patagónica ó Mara (Dolichotis patagonum). El punto aviar lo pusieron una pareja de Martinetas Copetonas (eudromia elegans) que apeonaron cruzando elegantemente la carretera buscando aguardo entre ralos arbustos espinosos.
La costa presenta numerosos accidentes: caletas, acantilados, playas y es la costa y el propio mar con sus dos golfos lo más atractivo y el principal reclamo del lugar. Al estar en Puerto Pirámides, elegimos el Golfo Nuevo para navegar con la empresa Moby Dick en un bote "semirígido" que recomiendo, pues al ser una embarcación más pequeña, la experiencia y el contacto con los cetáceos es más intensa. Nuestro piloto se llamaba Fernando Alonso, nombre fácil de recordar, un tipo simpático y afable que sabe lo que hace y no molesta a estos misticetos.

La experiencia de navegar entre estos gigantes es algo único, no creo que haya muchos encuentros con especies salvajes que causen tanta impresión como este. Las Ballenas Francas Australes (Eubalaena australis) acuden con sus crías a P.Valdés fuera del periodo de alimentación, que es cuando migran al oceáno Antártico, se cree que en el área próxima a las Georgias del Sur. Así pues, es habitual ver a madres con crías, como ocurrió en nuestro caso.
Al aproximarnos pudimos observar en la distancia sus poderosos saltos, cuando asoman casi por completo su cuerpo que cae como un peso muerto sobre la superficie del mar causando un poderoso estruendo.
Esta ballena es de las medianas, pues rara vez supera los 15 metros, pesando entre 40-60 toneladas. ¡imaginad a la Ballena Azul con sus 30 metros y casi 100 toneladas!
Se calcula que la población de esta ballena en los golfos de Valdés son de unos 2.500 ejemplares, dándose cita en el mismo anualmente unas 600 de ellas. Las fotos que aquí se muestran son de la madre que navegó con nosotros por espacio de unos intensos 15-20 minutos. En el video se observa también al ballenato, que de forma sorpresiva cambió de rumbo y pasó literalmente bajo el bote... y su madre tras de él.
Ballena Franca Asutral (Eubalaena australis). Península Vadés. El Chubut. Argentina.
  video

Las distancias en P.Valdés, sin ser enormes, se hacen largas, quizá por el pavimento de ripio y su continuo traqueteo. En Playa Larralde nos encontramos con una Ballena varada, sobre la que se alimentaba un hacendoso grupo de Gaviotas Cocineras (Larus dominicanus) mientras, frente al mar, cazaban afanososos un grupo de Gaviotines Sudamericanos (Sterna hirundinacea) cuando una sombra masiva pasó por delante del campo de visión de mis prismáticos a corta distancia. Era un tosco Petrel Gigante del Sur (Macronectes giganteus) que no dejó de volar en la linea de la costa frente a nosotros por un rato largo, pronto supimos por qué rondaba este potente carroñero la zona: próximo a ese punto estuvimos disfrutando con las evoluciones de una bulliciosa colonia de Lobos Marinos de Un Pelo (Otaria flavescens).

Lobería: Colonia de Lobos Marinos próxima a Playa Larralde. P. Valdés. El Chubut. Argentina.

En Punta Norte, mientras esperamos sin éxito a las orcas (ya lo he dicho) nos acompañaron varios oportunistas muy acostumbrados a la limosna de turistas, como delataba su confiado comportamiento. El Armadillo ó Peludo de la foto superio también andaba por aquí en idéntica actitud.
Sinsonte Patagónico (Mimus patagonicus). Punta Norte. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
Yal Negro (Phrygilus fruticeti). Punta Norte. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
También estuvimos en la pingüinera de Caleta Valdés, zona de cria de los Pingüinos Magellánicos (Spheniscus magellanicus), no tan espectacular como Punta Tombo, pero interesante igualmente. A esta especie se le conoce como burrito por el rebuzno tan logrado que emite.

Elefantería en Punta Delgada. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
La dureza de la patagonia. Así titulé esta impresionante foto que muestra semimomificado este ejemplar de lobo marino y donde se puede observar su particular dentición de dos caninos superiores, clara adaptación evolutiva al consumo del resbaladizo pescado. Playa Larralde. P.Valdés. El Chubut. Argentina.
Dejamos este paraiso con la espina de no haber podido presenciar en directo las escenas de caza de las orcas, pero ¡qué mejor excusa para regresar algún día!

lunes, 26 de diciembre de 2011

Argentina II: Cordillera Andina


Arrayanes (Luma apiculata)






Patagonia, la tierra de los Patagones, tienes muchas caras. Geográficamente, la patagonia argentina (no olvidemos que Chile también tiene "su" patagonia) es el territorio que se encuentra al sur del río Colorado y de ahí a Tierra de Fuego hay mucho territorio... Así que, aunque principalmente la patagonia es esteparia, árida, incluso desértica y en gran medida cubierta por vegetación rala, en ocasiones arbustiva, las más de las veces, herbácea, el sector Andino patagónico es húmedo, cubierto de bosques, y donde proliferan pintorescos lagos de origen glacial, muy al estilo Alpino. Entre ellos, uno de los más conocidos quizá sea el lago Nahuel Huapi, a orillas de la turística localidad de Bariloche, la  pudimos realizar interesantes recorridos para empaparnos no sólo en sentido literal, que así fue, sino también de la interesante flora andinopatagónica, que tanto en Argentina como en Chile, se halla en gran parte recubierta de densos bosques y selvas frías de coníferas siempreverdes y fagáceas caducifolias. Una de las especies botánicas más interesantes fue conocer el pequeño rodal relicto de Arrayanes (Luma apiculata), llamado así por el parecido que encontraron los españoles de sus hojas con las hojas del arbusto de distribución ibérica Arrayán, más conocido como Mirto (Myrtus communis). Este grupeto de Arrayanes se encontraba dentro de uno mayor compuesto por Coihues (Nothofagus dombeyi) y como sotobosque, la densa y apretada caña, realmente es un bambú, Colihue (Chusquea culeou). El Arrayán se presenta casi siempre en forma arbustiva, así que encontrar ejemplares arbóreos y añosos no es habitual. Por lo tanto este bosquejo es muy especial y no podiámos dejar de acercarnos a conocerlo. El árbol posee, cuando adulto, una corteza anaranjada que me recordaba al color del Alcornoque (Quercus suber) recién descorchado.
Carretera de Bariloche a Trevelín, "photoshopeada" al estilo "Camino a MORDOR".
Cascadas de Nant y Fall. Trevelín. Argentina.
De San Carlos de Bariloche nos acercamos a visitar, en dirección sur, las localidades galesas de Trevelín y Esquel, en la región de Chubut. Llama mucho la atención encontrarte un pueblo enmedio de la patagonia reconocido por sus casitas de té. Desde Esquel la mala fortuna nos impidió visitar el Parque Nacional de los sagrados Alerces (Fitzroya cupressoides), con ejemplares que alcanzan los 75 metros y superan los 4.000 años. Este Alerce no tiene nada que ver con los verdaderos Alerces del género Larix, un ejemplo más de nombres vernáculos heredados de los primeros exploradores y colonos europeos, que nombraban a las especies por similitudes con las especies familiares para ellos.

Desde Trevelín "nos consolamos" con las cascadas de Nant y Fall, bonitas, pero prescindibles.
Desde allí cruzamos 800 km. de patagonia, de este a oeste, para alcanzar Puerto Pirámides, en Península Valdés.



En el camino nos encontramos con una "representación" de la gesta de los primeros galeses que, desde la costa atlántica, se adentraron en la inhóspita patagonia para alcanzar las verdes y rebosantes de agua faldas de los Ándes, de las que habían oido hablar por boca de los indios tehuelches. En la foto abajo, un descendiente de esos intrépidos colonos, todavía con acento galés. Notad las artesanales riendas y el correaje, fabricado de cuero crudo entrelazado.



domingo, 25 de diciembre de 2011

Argentina I: Patagonia Sur

Siempre hablaba de la patagonia. Destino para hombres decididos, lugar duro, sin concesiones, pero de oportunidades también. Anheló visitar estas tierras toda su vida, quizá pensaba en algo más que visitarla... Conocía todos sus rincones, los libros le habían transportado a la patagonia en innumerables ocasiones. De su boca escuché por primera vez Fitz Roy, Perito Moreno ó Tierra de Fuego. Decir que se lo debo todo es una obviedad, pero de lo que no me cabe duda es que mi pasión por la naturaleza y a los grandes espacios, especialmente a la montaña, se lo debo a él. Nunca estuvo aquí, nos dejó en 2003. Este viaje fue un homenaje. Este hombre era mi padre. Va por él.

Dicen que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos... ...los argentinos descienden de los barcos. Nosotros descendimos más de lo que hubiéramos querido, latitudinalmente, se entiende. Y así, románticamente diría que el azar, racionalmente nuestra falta de organización hizo que el primer lugar tras Buenos Aires que visitamos fuera Río Gallegos. 500 km. por carretera de pura patagonia, con una única parada en "La Esperanza", nos separaba de nuestro primer objetivo: El Calafate. Desde allí visitaríamos el Parque Nacional de los Glaciares y su glaciar "estrella", el Perito Moreno (foto arriba).
Desde el mismo pueblo puedes observar los primeros icebergs o mejor debería decir témpanos, pues la localidad se ubica en las orillas del Lago Argentino, al que vierten al menos 6 glaciares grandes y, seguramente, otros menores. Un pequeño e inesperado (por no programado) recorrido perimetral, nos ofreció las primeras interesantes observaciones, con permiso de los Ñandúes Petizos (Pterocnemia pennata) y de alguna Bandurria de Collar (Theristicus melanopis) que vimos desde el autobús antes de alcanzar El Calafate.


En nuestro paseo por Lago Argentino nos topamos
con este nido de Cauquén común (Chloephaga picta),
abandonando inmediatamente el lugar.


Flamencos Chilenos (Phoenicopterus chilensis), también llamados "Australes".
Lago Argentino. Desde El Calafate. Argentina.
Sinsonte Patagónico (Mimus patagonicus) posando en el inicio de la ruta Calafateña.
Lago Argentino. El Calafate. Argentina.

Avefría Tero (Vanellus chilensis) en típica actitud de antipredatoria "simulación de herida",
nos aleja de sus nidifugos pollos. Nosotros "caemos" en el engaño. ;-)

Lago Argentino. El Calafate. Argentina.

Glaciar Upsala. Lago Argentino. El Calafate. Argentina.

La visita a los glaciares en barco no tiene parangón. Nada más empezar y durante todo el trayecto no dejamos de observar, posados y en vuelo, al imponente Cóndor de los Ándes (Vultur gryphus), otro récord aviar. Tras sortear decenas de témpanos que incrementan su tamaño según te acercas al frente glaciar, el primero con el que te encuentras es el Upsala, el más largo, nada más y nada menos que 60km. del longuitud y entre 30 y 60 metros de altura. Se observa claramente la regresión en la que se encuentra, como todos sus hermanos.
Tras este, giras para visitar la Bahía Onelli, donde vierten tres glaciares: Bolado, Onelli y Agassiz (en honor al destacado glaciólogo suizo). Desde el punto de atraque hasta la bahía en sí atraviesas un fantasmagórico y climácico bosque de Lengas
(Nothofagus pumilio), "falsas hayas", donde observamos criando al Pato Maicero (Anas georgica) y oímos, algunos vieron (grrrr!!!) al potente Picamaderos de Magallanes (Campephilus magellanicus). Tras este interesante encuentro botánico, se completa la visita observando el glaciar Spegazzini, que pasa por ser el más alto de entre los que puedes ver aquí: hasta 135 metros.
Aprovech
amos la tarde para el plato gordo del día: la visita, a pie, es para estar allí horas escuchando el crepitar y sus ecos entre el hielo que produce el continuo, imperceptible pero seguro avance del glaciar Perito Moreno. Un momento irrepetible y único, sólo interrumpido por el estridente chirrido de las Cachañas (Enicognathus ferrugineus) que pasaban en apretados grupos sobre el glaciar. En nuestra visita, noviembre de 2004, el glaciar estaba lejos de "romper". Había separado ya el lago argentino en dos mitades y se notaba claramente la diferencia de altura entre una parte y otra por el diferente embalsamiento, pero el frente estaba muy entero, sin visos de haberse empezado a formar el túnel que, poco a poco, termina por partirlo.
Primera visión del Perito Moreno, con el bonito arbusto Notro (Enicognathus ferrugineus) en flor, en primer término.
El Calafate. Argentina.


El Chingolo Común (Zonotrichia capensis), en la imagen y
el Comesebo ó Yal Patagónico (Phrygilus patagonicus) son residentes en las
plataformas de observación del glaciar.
El Calafate. Argentina.

Para completar nuestra visita, recorrimos el Lago Roca. La escasez de árboles de porte hace que aves del tamaño del Caracara (Polyborus plancus) instalen sus nidos en atalayas tan, a priori, poco adecudas para un ave de su tamaño. (foto arriba).
Tras la región de los glaciares nuestro próximo destino sería Bariloche y los pueblos galeses de los Ándes.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Delta del Okavango, Botswana III: Cataratas Victoria

Viajar "leido" te da un plus. Al leer, haces un ejercicio de representación a tu modo de aquello que lees: paisajes, sensaciones, olores, luz... Cuando luego lo pones en "real", vas ajustando la idea que habías configurado de ello a lo nuevo que vas experimentando. De algún modo, es también poner en comparación las experiencias de otros con las tuyas propias. Si a eso le unes una lectura histórica, añades el complemento de adivinar los cambios producidos en la sociedad, la naturaleza, geopolíticos, etc. ó tratar de ponerte en la piel de los primeros exploradores, cuando viajar no era cuestión de horas y sí de semanas. Para Botswana elegí "En busca del doctor Livingstone" escrito por el propio Sir Henry Stanley. El libro relata la búsqueda del famoso explorador británico, descubridor, entre otras, de las cataratas Victoria, por parte del corresponsal del N.Y.Herald, Sir H. Stanley. Y esa relación es la que me animó a elegir este libro, pues nuestro periplo alcanzaría las cataratas donde el humo truena (the smoke that thunders) según dicen por allí.
Pero no adelantemos acontecimientos, pues antes de alcanzar las cataratas Victoria en el vecino Zimbabue, tuvimos la oportunidad de relajarnos en Chobe, cerca de Kasane. No abandonamos nuestro estilo e instalamos nuestras tiendas próximas a los cómodos lodges, cuestión de principios, pero al estilo de Groucho: "Estos son mis principios, si no le gustan... ...tengo otros". ejem!

Facoquero Común (Phacochoerus africanus) pasta con su
peculiar estilo "orante" próximo al parking del lodge.
Chobe. Botswana.

En el camping donde nos alojamos, pese a ser una zona más humanizada, o quizá por eso mismo, no había que ir muy lejos para encontrarse con la fauna local.
Las mangostas rayadas (Mungos mungo) campan a sus anchas, practicando el oportunismo de que hacen gala y que les ha llevado a ser una de las especies de mangostas más ampliamente distribuidas por el continente. La foto a la izquierda está hecha desde mi tienda. Pero no sólo se acercaban mamíferos. En sólo un par de horas sin moverme del sitio anoté 13 especies nuevas de aves.
En los campamentos "salvajes" lo más habitual fue la presencia de los rápidos y ágiles Cercopitecos Azules (Cercopithecus mitis), que, al menor descuido te robaban lo que dejaras al alcance de la mano, incluso las hembras con crías bajo su vientre. También las hienas recorrían habitualmente los campamentos y sospecho que con más regularidad de lo que percibimos.
Desde el propio camping, que dispone de un embarcadero sobre el río Chobe, salen barcazas de dos pisos para navegar al atardecer por sus meandros. Es algo masivo, pero tiene encanto, la fauna allí es numerosa, las manadas de búfalos y elefantes son enormes y no faltan los hipopótamos, cocodrilos, cebras, kudus, varanos ó impalas.

Cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus).
En las proximidades, un buen grupo de ellos se alimentaban
de un elefante que había sucumbido a los efectos del anthrax.
Chobe. Botswana.


Elefantes Africanos (Loxodonta africana).
Una delicia navegar junto a estos pacíficos gigantes.
En esta zona, próxima a Kasane, los elefantes causan problemas
y han de ser vigilados. De ahí la colocación de radiocollares, como
el que se ve instalado en el ejemplar del medio.
Chobe. Botswana.

Macho de Anhinga Común (Anhinga melanogaster rufa).
Sólo dos especies comparten el género Anhinga.
La segunda es propia del continente Americano.
Tras el paseo, ¿qué mejor que tomar una cerveza mientras observas la
puesta de sol sobre el río Chobe?


Esperando la puesta de sol pasó por delante de mi una enorme bandada de zancudas que tardé unos minutos en identificar. Se trataba de Picotenazas Africanos (Anastomus lamelligerus), que, disciplinadamente ocupaban las ramas secas de un árbol a la orilla del río. Pero lo mejor estaba por venir. En un árbol próximo, desde donde emitía su inconfundible ¿graznido? que le da nombre, un Pigargo Vocinglero (Haliaaetus vocifer) se elevaba para, tras una intensa persecución y escarceos, atrapar a un Picotenazas. Este pigargo es también conocido como Águila Pescadora Africana, aunque nada tiene que ver con el género de las verdaderas águilas pescadoras, el género Pandion.
Dejamos Chobe en dirección a Livingstone, pues estando tan cerca, sería un delito no visitar las cataratas Victoria: "The smoke that thunders".
"Rainbow Falls", su punto de mayor profundidad, alcanza los 108 m. pasando por ser una de las caídas más impresionantes de entre las grandes cataratas del mundo (el doble que Niágara, por poner un ejemplo). Es la catarata de mayor anchura: casi 2 km. de largo. En cuanto a volumen de agua no estaban en su punto álgido!

Desde esta privilegiada posición, la entrada del salvaje Zambeze a las cataratas, pudimos observar una pareja del bonito Calao Trompetero (Bycanistes bucinator), que cruzaban al otro lado sobre la caída de agua. A la salida, sorprendimos a un Antílope Jeroglífico (Tragelaphus scriptus) que no tardó en huir.
En Victoria Falls pudimos acercarnos a los obligados "Craft markets", mercadillos de artesania local, plagada de reproducciones en madera de los típicos animales africanos, sobre todo los "Big five": Elfante, Búfalo, León, Leopardo y Rinoceronte. Allí me contaron la historia del NYAMI NYAMI, el dios del río Zambeze. La historia me caló: si un amuleto de estos te protege de los cocodrilos al cruzar el río Zambeze, ¿cómo no me va a cubrir contra los coches en la Castellana ó de la ira de mi mujer? Así que, desde entonces, llevo el Nyami nyami a todas partes, anudado a mi cuello...

De regreso a Johannesburgo, aprovechamos para conocer los Makgadigadik Pans, grandes extensiones de lo que antes fueron lagos permanentes y ahora son extensiones de costra de sal y llanuras herbáceas inmensas, inundados sólo en los grandes desbordamientos ocasionales del delta o de forma más habitual, del río Boteti y es entonces cuando aprovechan los Flamencos Comunes (Phoenicopterus roseus) y Enanos (P. minor) en números que exceden los 30.000, Pelícanos comunes (Pelecanus onocrotalus) y Rosados (P. rufescens) y otras aves acuáticas para criar, pues, inundados, se convierten en lagos de muy alta productividad.
El ave más interesante que vimos y pudimos fotografiar aquí con nuestro corto zoom 3.5x fue el Sisón Negro Aliclaro (Afrotis afraoides), que mostraba una confianza extrema en su plumaje críptico. (ver foto izquierda).

Los Makgadigadik eran nuestra última oportunidad para intentar ver al guepardo. No hubo suerte. Sí vimos a un solitario Springbuck ó Gacela Saltarina (Antidorcas marsupialis), el alimento más habitual del guepardo en este hábitat.


Huellas del esquivo Sisón Negro Aliclaro (Afrotis afraoides)
sobre la sal que compone el suelo de los
Makgadigadik Pans. Botswana.
Puesta de sol en los Makgadigadik Pans.
Botswana.


Dejamos África pensando, siempre se debe pensar, en regresar algún día.
Aves observadas: 182 de 587 especies de la lista de Botswana (Clements 6ª), las que salieron al paso, vamos...
Hakuna Matata.