miércoles, 7 de diciembre de 2011

Costa Rica III: Corcovado

Elegimos la entrada norte a Corcovado por varios motivos: es un acceso menos concurrido que la Sur (desde Puerto Jimenez), está próximo al humedal Terraba-Sierpe y a la isla del Caño y, por último, que no menos importante, es la entrada más próxima a la estación forestal de San Pedrillo (ver Costa Rica parte I). En definitiva: esta localización nos permitiría visitar una mayor diversidad de ecosistemas que otras opciones.

En la humilde Sierpe puedes hablar con Johnny, de "Vittatus" (guías turísticos), nombre tomado recordando a la Phyllobates vittatus,
"ranita punta de flecha" de distribución costaricense y prima de la P. terribilis, la que dicen que es la ranita más mortífera del mundo. Con ellos organizamos todos los servicios para visitar la zona.

El humedal es una preciosidad con aspectos botánicos tan interesantes como estos contrafuertes que dan estabilidad a los árboles de zonas cenagosas y el mecanismo de la que por allí llamaban "Acacia sensible".
video
En cuanto a fauna, el paseo nocturno en busca de "juanchitos" (por aquello del lagarto Juancho) fue de lo más divertido. Como aperitivo, nada menos que tres especies de martines en un dormidero comunal: El enorme Martín Gigante Neotropical (Megaceryle torquata), "collarejo" para los ticos, Martín Pescador Verde (Chloroceryle americana) y el más bonito de todos, el poco común Martín Pescador Enano (Chloroceryle aenea). Había oído hablar del Basilisco y su capacidad para caminar sobre las aguas, lo que le da el sobrenombre de "lagarto jesucristo", pero no supuse que podía verlo por aquí, asi que, cuando un lagarto salió de mis pies directo al agua creí que era un suicidio lacértido, pero verlo caminar literalmente sobre el agua fue todo un espectáculo, no podía dejar de pensar en las veces que pude haberlo visto en diferentes documentales de etología animal y ahora estaba presente para observarlo en directo. Entre otras especies, pudimos observar Mapaches (Procyon lotor), Caimanes (Caiman crocodilus), Anolis (Norops sp.) y Ranas arborícolas.

La isla del Caño fue un interesante contrapunto al viaje. Tras atravesar un tupido manglar y navegar acompañados de peces voladores (
exocoetidae), tocaba snorkel para bucear entre tiburones, pudiendo casi tocar (en sentido figurado, nunca lo intentamos...) tiburones de aleta blanca (Carcharhinus longimanus) y los más perezosos tiburones nodriza (Ginglymostoma cirratum) que sesteaban en el fondo, amén de una miríada de peces tropicales y con la fortuna de terminar contemplando una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) con su ballenato que pasaron a menos de cincuenta metros de nosotros en dirección sur, todo un lujo. De aves, lo mejor, un Busardo-negro Norteño (Buteogallus anthracinus).



En la isla del Caño, los pocos pobladores
terrestres son muy confiados.

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